25/01/2008

Mis problemas de la A a la Z. Problema E: Ejecutivos

En algún momento de la historia de la lengua castellana, particularmente en Colombia, la palabra “ejecutivo” empezó a usarse para un montón de cosas que poco tenían que ver con aquello a lo que la palabreja pretendía aludir: lo exclusivo, cosmopolita o superior en cualquier sentido.

Antes de que en Colombia se pusiera de moda lo ejecutivo, Manolito, el amigo de Mafalda, ya había descubierto el uso publicitario de la palabra para vender aceitunas, líchigo o cualquier cosa que se le pasara por esa cabecita cuadrada con peinado de cepillo.

En Colombia, el almuerzo ejecutivo es una cosa que no está salida precisamente del caldero de Alain Ducasse, sino que puede contener combinaciones tan sanas como pasta con arroz, tajada y huevo, la piedra angular de una alimentación con poca fibra y escasez de vitaminas y proteínas. La pasta, por supuesto ha sido cocinada en agua con un chorrito de aceite –dizque para que no se pegue-. En las mesas puede haber una botellita de salsa de tomate rendida en agua para aderezar el desfile de harinas.

Lo otro es el servicio ejecutivo ofrecido por las busetas, cuyo aviso dice “no se admiten pasajeros de pie”. Obviamente, el anuncio no sólo no se cumple, sino que la norma de marras está avalada por el código de tránsito.

Al impedir que vayan pasajeros de pie, se requieren más buses en las calles, así que adivinen quienes estuvieron en el origen de la norma.

La cereza en este pastel para ejecutivos la pone el todopoderoso bus ejecutivo.

Si por “ejecutivo” usted entiende que se trata de un bus que casi nunca lavan, ni barren, en el que crece el musgo en los marcos de las ventanas, cuyo tubo de escape parece diseñado por un ingeniero nazi de manera que el gas inunde la cabina, el bus ejecutivo bogotano cumple con esos y otros requerimientos.

Por todo lo anterior, aquí va un consejo para los administradores, mercadotecnistas, administradores y afines: si aceptan un trabajo en una empresa, no dejen por nada que les chanten la palabra “ejecutivo” en su cargo. Nada de “gerente ejecutivo”, “asistente” ejecutivo” o simplemente “ejecutivo”. A menos, claro está que lo que usted quiera sea que lo asocien con una las consecuencias de una mareada de plato de arroz, tajada y huevo ejecutada en un hediondo bus bogotano.

Finalistas: Enaguas, Extras noticiosos, EPS, ETS

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Podría en su defecto, apelar a que lo llamen viscepresidente junior, como diría el buen homero.

Buena entrada, caballero.

Anónimo dijo...

Le diste duro a los altos ejecutivos. Asumo que son lo más parecido a un corrientazo de los que vende el payaso con megáfono.

aldemar dijo...

Pille que el otro día me monté en una buseta que decía:

"SERVICIO CORRIENTE
Se admiten todos los pasajeros de pie que quepan"

Amén.